SobreviMIR


Estos meses de residencia se pueden definir con una palabra: incertidumbre. Por un lado, mi inseguridad hacía que dudase en todo momento sobre mi elección: ¿he escogido un buen sitio para formarme? ¿me habré equivocado eligiendo medicina de familia? Por otro lado, tenía miedo por la situación actual del COVID-19. Todo era nuevo, no solo para nosotras sino también para los médicos adjuntos que llevaban años ejerciendo la profesión. Había demasiadas incógnitas y pocas soluciones a cada uno de los agobios que iban apareciendo en mi vida. Todo lo nuevo asusta, es un hecho, y más cuando acabas la carrera y te enfrentas al mundo laboral. Te sientes perdido, abrumado y tanta información te sobrepasa.



En mi caso, necesitaba ir poco o poco y analizar cada interrogante. Al principio dudaba de todo, de mi elección, de haber escogido el mejor lugar para aprender, y en definitiva de no haberme equivocado. No somos adivinos, y llegué a la conclusión que cualquier elección es buena siempre y cuando te sientas orgulloso de ti mismo. Tardé tiempo en valorar todas las metas que había alcanzado: autoexigencia en el instituto, 6 años de medicina, un examen MIR… y por fin abres los ojos y la plaza que tanto ansiabas está delante de ti.


A la hora de escoger especialidad dudaba entre especialidades médicas generalistas (medicina de familia o interna); lo medité mucho, pero familia fue mi decisión porque abarca cualquier etapa de la vida de un ser humano y no solo trata al individuo sino también a la familia y comunidad. En cuanto al lugar, lo único que sabía era que quería hacer la especialidad en un hospital comarcal por las buenas opiniones que había recibido. Cercanía, buen trato con el residente, formación individualizada, buen ambiente…eran algunos de los motivos por los que me decidí. Elegí Osuna por cercanía con Sevilla y en general, por los comentarios que escuché de residentes mayores. Es cierto que siempre hay puntos negativos (ya sea en un hospital grande o pequeño) pero la balanza se inclinó hacia los puntos positivos. La decisión fue difícil porque soy tremendamente indecisa, pero actualmente no me arrepiento.


A la hora de elegir centro de salud me decanté según los tutores que ofertaban. Me gustaban mucho las tutoras de El Saucejo y de Marchena. Elegí Marchena, y en concreto a la tutora Ana Isabel Narváez. A pesar de que era la primera vez que se ofrecía como tutora, aposté por ella ya que su juventud, sus ganas de enseñar, y su motivación por seguir aprendiendo hicieron que fuera la candidata ideal. Hoy en día pienso que acerté ya que poco a poco la relación tutora-residente se va afianzando, y aunque aun me queda mucho por saber creo que ambas nos complementamos. Ella dice que conmigo aprende cosas que ya había olvidado, y yo aprendo continuamente de ella.


A pesar de todos los altibajos que una persona pueda tener, de todas las dudas que pueda plantearse y de cualquier obstáculo que se encuentre, pienso que uno debe ser feliz consigo mismo y dejarse guiar por el corazón. Mi elección fue en parte gracias a una corazonada y aquí estoy, orgullosa de todo el trayecto recorrido y de todo lo que me queda por vivir.

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