Mis primeros pacientes en un hotel medicalizado

La pandemia ha traído consigo grandes cambios para todos y la necesidad de improvisar nuevos planes y gestionar la incertidumbre que aún sigue con nosotros. Hola a todos, soy Ana López García, R1 de MFyC del CS de Castilleja de la Cuesta (Distrito Aljarafe), y vengo a contaros lo que esta pandemia me trajo a mí 2 meses después de hacer el MIR.


Como la mayoría de los que decidimos estudiar medicina, tenía el futuro “escrito”: acabas la carrera, estudias el MIR (1 o las veces que haga falta), durante 1 o 2 meses piensas esa lista de plazas que tantos quebraderos de cabeza dan, eliges tu plaza y te pasas 4 o 5 años viendo a tus primeros pacientes, mientras te formas en esa especialidad que quizá te acompañe el resto de tu vida.


Pero, de repente, aprendes que no hay nada escrito y que, por ejemplo, puede llegar una pandemia mientras estás en un voluntariado en Etiopía que hace que tengas que volver 3 semanas antes a tu casa, para estar allí metida sin poder salir.


Entonces ves en la TV y en reenviados que te llegan al Whatsapp que ese virus no es como una simple gripe y que hace falta personal sanitario en todas partes. Una amiga tuya te dice que están montando un hotel medicalizado en Sevilla y que necesitan médicos. “Mamá, algo podré hacer para ayudar allí”. “María, cuenta conmigo, si vamos juntas vamos a estar bien”, “Ana, tenemos que ir ya mañana, nos dan un curso de EPI y alguna se tiene que quedar allí”. Preparas la maleta sin saber cuánto tiempo estarás allí y te llegan mensajes de ánimo de todas las personas que conoces, pero tienes miedo, es inevitable. No tienes experiencia, acabas de terminar la carrera.


Entre miedo, incertidumbre, caos y EPIs, allí estaban mis primeros pacientes antes de comenzar el MIR, en el hotel Alcora. Y detrás de todo, el mejor equipo sanitario posible, donde la mayor motivación era hacer que ellos estuvieran lo mejor posible y no se sintieran nunca solos ni desprotegidos.



Fue difícil. Muchas horas con el EPI puesto, muchos días sin parar de trabajar, al final vivíamos allí y era muy difícil desconectar. Cada vez llegaban más y más pacientes, muchos se estaban poniendo muy malitos. Fueron muchos días sin ver a nuestras familias. Muchas veces sentíamos que de verdad no podíamos más, que lo dejábamos y volvíamos ya a casa. Pero allí estaban nuestros pacientes, por los que todo merecía la pena.


Ellos solo veían unos cuerpos de “astronautas”, muchos no entendían por qué estaban allí, pensaban que eran unas vacaciones, o “hay que ver la de personas que se están muriendo por el virus ese, menos mal que aquí no ha llegado”. Pero sentían el amor que poníamos, y no dejaban de agradecértelo.



Éramos cinco médicos recién acabadas las que vivimos allí durante 5 semanas (aunque parecieron meses). Pero venían médicos del Hospital San Juan de Dios y de los centros de salud del distrito Aljarafe todos los días, de los que solo puedo decir cosas buenas. Entre ellos, un día conocí a una médico de Familia, que no sabría explicar con palabras lo que me transmitió, pero en ella vi a la médico que un día quería llegar a ser.

Aprendimos mucho de oxigenoterapia, de antibióticos, de sueroterapia, de cuidados paliativos. Pero indudablemente, lo que más aprendimos fueron valores humanos. Quisimos tanto a nuestros pacientes que, a día de hoy seguimos hablando de ellos por sus nombres, recordando las anécdotas que cada uno nos regaló. Aunque también recordamos, con alguna lágrima, a todos aquellos a los que acompañamos hasta el final.


Aprendimos muchísimo de los enfermeros que estaban allí y de la importancia que tiene trabajar en equipo. El saber hacer de todo y ayudar en lo que se necesite.


Cuando la curva fue bajando, empezamos a despedir a nuestros pacientes, aquellos héroes que habían ganado la batalla y después de 1 mes volvían a sus residencias tras haber ganado al coronavirus. Y así, poco a poco, esa experiencia se fue acabando. Era un logro, pero a la vez se acababa ese proyecto en el que tantas ganas y esfuerzo habíamos puesto, el vínculo que habíamos creado unos con otros. Un vínculo que por mucho que pase el tiempo siempre estará.


Unos meses más tarde, tocó lo que tanto se había aplazado, la elección de la plaza. Esta experiencia me ayudó mucho a decidirme.


Esa médico de familia de la que tanto aprendí y que tanto me transmitió, ha acabado siendo mi tutora. Y aquella amiga que me animó a vivir la mejor experiencia de mi vida se convirtió también en mi coR.

No, estos planes no entraban en ese futuro “escrito”, pero no los cambiaría ni por ser la número 1 del MIR. No tenemos ningún futuro escrito. No podemos saber lo que la vida nos depara, pero hay que saber adaptarnos y vivir el presente lo mejor que podamos. Poner todo nuestro amor en cada cosa que hagamos. No sabemos cuánto tiempo le queda al Covid, ni si vendrá otro virus u otra enfermedad difícil diferente. Pero somos médicos y nuestra labor es cuidar la salud de los demás en todas las circunstancias, y sobre todo, cuando más nos necesiten.





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