Comienzos agridulces


En este primer año de mi inicio de residencia tengo muchos sentimientos encontrados . Supongo que como humanos que somos tendemos a imaginar e idealizar como va a ser nuestro futuro . Yo durante la carrera siempre imaginé el momento del inicio de la residencia como mi momento , en el que independientemente de la especialidad que escogiese , iba a poder poner en práctica todo lo que había trabajado y soñado . Mi momento de poder demostrarme a mi misma cuanto sabia y cuánto me queda por aprender . Y de repente la vida nos golpea con una pandemia . El COVID-19 nos ha cambiado la vida lo ha puesto todo al revés , pero sobre todo me ha hecho reflexionar , a mi , chica que desde siempre ha planificado su vida , los días de estudios , los días de descanso , cuando si , cuando no , de repente me cambian mis planes . Y aprender adaptarte a ello … que difícil ¡!


Una especialidad tan bonita y tan suya como la que he escogido , medicina familiar y comunitaria , porque a lo largo de los años aprendí que quería ayudar sanar a otras personas pero para sanar hay que ver a las personas en todos sus aspectos pues somos series sociales , todas las circunstancias que nos rodean nos influyen en nuestro bienestar físico y mental. Para poder ayudar hay que comprender y entender al de enfrente en su sufrimiento . Que especialidad tan humana y a la vez tan complicada , porque dejarnos ayudar de verdad es tan difícil . Pasar todas esas barreras humanas que “ nos hacen fuertes “ y poder ver realmente la vulnerabilidad del paciente .


Y como decía al principio , ya de por si aprender a manejar al paciente es complicado y me encuentro una situación en la que un virus está manejando el sistema y está haciendo que la atención sea totalmente distinta . Este nos impide el contacto social , ver los gestos que componen nuestra cara … Consultas a través de llamadas telefónicas , técnicas que no se pueden hacer ni aprender , sentir al paciente tan lejos , levantar miedos a lo desconocido ..


Y entonces viene la frustración , porque aquello q pensábamos que sería no ha sido . Y en toda esta mezcla de sentimientos que tenia al principio empecé a darme cuenta que no estaba aceptando la situación . Estaba anclándome a lo que era antes la vida y no lo q es en este momento . Y me di cuenta que lo único constante es el cambio … y que lo que importa es el aquí y el ahora . He aprendido a aceptar y a improvisar . Porque la vida no sabe con que nos deparará .


En mi centro de salud , Utrera sur , dentro de la burbuja que estamos viviendo sentí que podíamos hacer que el día a día no fuese tan raro . Citar a más pacientes , superar los miedos , incluso que detrás de las mascarillas podíamos sacar sonrisas , aunque solo viésemos achinar los ojos . Trabajar en equipo y apoyarnos , y pensar que de toda esta etapa saldremos más fuertes y sobre todo aceptando que en la vida no hay q conformarse ni quedarnos anclados en lo que fue, sino en lo que podrá ser .

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