Carmen, usuaria del CS Alamillo.


Las personas son de carne y hueso, aunque a veces no lo parezca. Las personas sienten y sangran, aunque a veces no queramos verlo.


Carmen es paciente en mi cupo, y Carmen es usuaria del Centro de Acogida Municipal (CAM), a un kilometro escaso del Centro de Salud del Alamillo, desde hace 15 años (40.000 personas sin hogar en toda España).


Carmen no es de Sevilla, es gaditana, del Puerto de Santa María, pero hace 30 años que llegó a Sevilla. Se fue del Puerto, por la puerta de atrás. Arrastrando silencio y penas, bebiendo en los vientos lo que la vida le negaba. Pasando por tormentas e infiernos, hace 15 años, encontró su brújula, su muleta. La que le dijo “ahí tienes dos puertas” para salir y huir, “aquí no hacen faltan médicos, aquí me tienes a mí”, “ay Andrés que yo no puedo” y vaya que si pudo; “leñazo” tras leñazo, caída y vuelta a levantar. Y porque dejar atrás una vida abrazada a una botella, es más duro de lo normal, en una sociedad donde la “caña” y la “copita” te abrazan cada día. “Hace unos 7 meses me levante a las 7 la mañana toa la noche soñando con borrachera” me cuenta con la voz tomada, y con veinte euros que tenía en el bolsillo “a tomarme un café les conté a los monitores de guardia que iba, a tomarme 2 copas de coñac…” y a medio camino al bar Carmen miro su móvil y se puso a llorar. Sólo quien ha pasado por eso sabe lo duro que es darte la vuelta y volver tras tus pasos, y así hizo Carmen, dar marcha atrás, para coger impulso, para seguir viviendo. Apoyada por su Andrés, por su monitores, por su médico (el 37% de las personas sin hogar consumen alcohol).


El 17 de diciembre hará 5 años que se aparto de la bebida, que vive en la sobriedad. Luchando por su familia, que la quiere hasta morir, que la recupera cada día, ganándoselos con alegría y su forma de vivir.


Porque Carmen es así, y cuando ve a los monitores del CAM, esperando en la cola del mostrador del centro de salud, para arreglar papeles de otros usuarios, y ella, que ya lleva 30 minutos esperando, pues les da su número para que no esperen más, “si yo no tengo bulla”.


“Si yo vengo sin cita, siempre vengo sin cita”, “porque yo no puedo decir ná malo de mi Jesús (su médico)”. “Verá el médico que te va tocar , verá” le decía, “y cuando yo cogí mi cita, y me vi al Neri pegándome dos besos, cogiéndome la mano, como ese hombre me recibió…” y es que en los ojillos se lo nota, se le nota en la mirada, que quiere a su médico, y que su médico la quiere a ella. “Aunque para la semana que viene, si he cogido cita, que necesito las gotas de los ojos”, y se ríe a carcajadas.


Que tuvo que salir de su tierra, desterrada. Por dimes y diretes, de su familia alejada. “A mi no me miraban en el Puerto”, y la pena la consumía. “Muchas veces yo me ponía en una esquina los miraba uno detrás de otro (sus hijos) y me iba tranquila…” de vuelta a Sevilla, dejando un rastro, para las golondrinas.


“Del alamillo no puedo hablar mal porque a mi me ha ido muy bien”, me dice con una sonrisa que le provoca surcos de vida en sus mejillas.

Pero hay de todo como en botica, mejores y peores, y no todos en el Centro de Salud miran con los mismos ojos y algunos miran “malamente”. Porque vivir en la calle no es sólo un estado sino un marca en la frente, “porque eso no se mienta”, se oculta, te avergüenza. Porque vivir en la calle te lastra, te ancla a la desesperanza, al olvido. Te mata (las personas sin hogar tienen 30 años menos de esperanza de vida).


“Si están así porque quieren” son palabras que se escuchan, que te rasgan el alma, salidas del desconocimiento y de la mas completa ignorancia.


“Yo estoy mu contenta de tener a don Jesús y a usted” y yo lo sé que lo dice por ser educada conmigo, pero no por mi tutor. Porque Carmen Alcedo se levanta y se enfrenta con quien le miente a su Jesús.


Y es que Carmen desborda amor y esperanza, y ese brillito en los ojos cuando habla de sus hijas y de su hijo miguelito, el más pequeño. Con su chico se le cae “tó”. “Cuando tenga mi dinero no te preocupes que yo me vengo aquí a tu vera” le dice al Miguelito; “que yo soy mu cuca y me veo las cosas venir; y yo quiero estar fuerte por si me tengo que comer alguien”. Y no me quiero ni imaginar, esa Carmen Alcedo protegiendo a sus cachorros, de los que perdió su infancia, pero no está dispuesta a perder más.


“No parece que tengas 59 años” le dice la gente…”lagrimas que he derramado”, golpes que la vida le ha dado y como dice “parece que me dice Dios, no, tu tienes que disfrutar” que ya va siendo hora Carmen…


Y cuando llega “achcicharrá” de la playa de Chiclana, de ponerse vuelta y vuelta con su “chica”, a ver a su Jesús viene, a que le mande una crema para ponerse sobre la Nivea. “Pero Carmen si hasta te han salido ampollas”, le dice el sabio “y yo ronca que te ronca con mi chica en la playa, Jesús… mira como me he puesto”.


Y como dice el dicho bien acaba lo que mal empieza, o no era así. Que mas da. Pero cuando Carmen apareció en la boda de su hija, “después de haber cumplido condena” eso no parecía una boda sino un duelo, con las lagrimas por el suelo, inundando la iglesia, de abrazos y perdones, de alegría por recuperar una estrella.


Y dirán las gentes, ¿y esto que tiene que ver con el Centro de Salud del Alamillo?, ¿y esto en que lo diferencia? En que ESTO es el centro de salud del alamillo, y no otra cosa, que las gentes que lo frecuentan, buenos y malos, ricos y pobres, personas todas ellas.

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