Como la medicina de familia acabó siendo mi primera opción en el MIR

¡Hola a todos! Soy Jennifer Palma González, actual R1 de MFyC en el centro de salud de Mairena Ciudad Expo (distrito Aljarafe) y vengo a contaros mi historia para todos aquellos que tengáis duda sobre si elegir la especialidad o no.


Cuando entré en la carrera de medicina, había una cosa que tenía muy muy clara, jamás en la vida iba a acabar siendo médica de familia. Odiaba la idea de estar todo el tiempo sentada en una consulta de un centro de salud, renovando recetas o viendo a personas que solo acudieran a tu consulta por hablar un rato. No quería estudiar medicina “solo” para eso. Era la visión que yo tenía en ese momento del médico de familia.

La primera vez que roté por la consulta de medicina de familia, no me horrorizó tanto como yo pensaba, pero seguía sin sentirla como mi especialidad. Probablemente porque todavía me quedaban muchos rotatorios por hacer y mucha teoría que aprender. Y, además, el contacto tan estrecho con el paciente no me llegaba a convencer porque siempre he sido muy tímida.


Todo empezó a cambiar en mi rotatorio de familia de sexto, cuando ya habíamos estudiado todas las asignaturas por completo. Fue en enero de 2020, cuando estaba comenzando la pandemia, pero todavía no lo sabíamos. Vi muchas patologías diferentes, y descubrí que había otros programas además de la consulta, como el seguimiento del embarazo, cirugía menor, control de anticoagulados, etc. Y medicina de familia dejó de ser una especialidad que nunca haría.


Entonces llegó el confinamiento y perdí todo contacto social que pudiera tener. Seguíamos estudiando para el MIR, recuperando rotatorios prácticos, haciendo el TFG, pero ahora sin ver pacientes en ningún momento. Luego llegaron los largos meses de encerramiento estudiando 12 horas diarias para conseguir alguna plaza en el MIR y fui notando la necesidad de tener contacto con los pacientes, les echaba de menos. Me gustaban muchas especialidades, la que más era ginecología, pero mi objetivo seguía siendo una plaza de cualquier especialidad.


Cuando conocí mi puesto en el MIR sabía que mis primeras opciones no estaban disponibles, pero tenía muchísimas opciones más, y empecé a investigar para poder elegir la que más se ajustara a mi perfil.


Yo quería una especialidad que tuviera contacto con el paciente, pero que tampoco acabara interfiriendo en mi vida personal. No podía hacer cardiología, pero tampoco quería olvidarme de usar el fonendo o leer un EKG. No podía hacer ginecología, pero tampoco quería perder ese contacto con las embarazadas y las patologías genitales. No podía hacer pediatría, pero quería poder atender niños en algún momento. No podía hacer radiología, pero quería saber interpretar una prueba de imagen. Al fin y al cabo, quería una especialidad que me permitiera seguir aplicando todos mis conocimientos médicos, y seguir formándome en casi todas las ramas de la medicina. Y entonces lo tuve claro, medicina de familia y comunitaria era mi especialidad por la multitud de opciones que me ofrecía.


Y a día de hoy, siento que mi centro de salud es mi segunda casa, y eso que actualmente estamos en la situación de colapso de la atención primaria. Pero conocer a tus pacientes y a sus familiares, poder seguir los problemas de tu paciente desde principio a fin, ser el médico que está ahí para cuando tu paciente necesita ayuda con lo que sea (problemas sociales, familiares, económicos o médicos), eso me llena de vida día a día. Y de momento, no me arrepiento en absoluto de haber cambiado de opinión.

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