Rotación rural: C.S. Las Pajanosas


Las Pajanosas es ese pueblo que te encadila en una primera mirada pero que te enamora en la segunda.

En Invierno las mañanas son oscuras, de esas en las que el frío acaricia la piel con una dura mano que posteriormente se convierte en la caricia ansiada con los rayos del Sol, mientras el Médico Jose María abre el portón del consultorio junto con la enfermera, Charo.

Son conocidos, demasiado como para que su paso sea indiferente a todos aquellos que los llevan en sus almas, en aquellos rincones donde se han abierto paso a base de una dedicación que sería envidiada por muchos y criticada por pocos.

Mientras las nubes van dejando paso al astro rey, ellos abren la calefacción del centro y encienden las luces, dejando que los primeros pacientes, sus amigos, sus enfermos, parte de ellos entren para atender a sus necesidades.

No pueden llamarles solo como personas ajenas que necesitan atención médica, porque hace mucho que ellos dejaron atrás ese término, cuando supieron que el hermano había muerto de un ataque al corazón al que ellos atendieron, cuando cada día vigilan las curas, la tensión, cuando cada día les ven vivir, crecer y, con pena siempre, a veces morir.

No es una rotación cualquiera la que me encontré cuando fui ataviada con tacones a ese pueblo que desconocía, es la rotación que te hará saber que eres médico de familia, qué significa querer cuidar a las personas y te recuerda, te pone en contacto sin perder el objetivo, con esa parte de ti, ese niño de ojos extasiados que miraba la labor, que podía mirar a la humanidad para ayudarla y decir: “Quiero ser médico”.


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